Microbecas, ¿servicio o beneficio?

¿Deber moral?

La necesidad de ayudar a los jóvenes a financiar su educación no es un problema ajeno a las entidades pertinentes. Se concibe como una responsabilidad social corporativa, como una inversión a futuro, incluso como una obligación moral. Pero a veces se olvida que la formación de un joven no depende tan solo del grado, posgrado, máster u oposición que se obtenga, sino que la industria exige también otras variables en la empleabilidad que no se pueden ignorar. En concreto, ahora, el dominio del inglés. 

Banco Santander, CaixaBank, Iberdrola, Mapfre, Mutua Madrileña, Fundación Botín, Fullbright, el Ministerio de Educación y Formación Profesional… Grandes y medianas empresas, bancos, organizaciones, fundaciones, ayudas públicas… Todos ellos dan becas y ayudas económicas. La mayoría tienen altos presupuestos que destinar a la formación de futuros y actuales trabajadores. Las propias empresas dan ayudas internas para la formación, como másteres, e incluso cuentan con la ayuda del Estado para ello. Y todo eso es bueno y necesario. Pero se deben ampliar los horizontes de ayuda. 

 

De nada sirve tener una gran beca que permita estudiar un grado, un máster y un curso de formación que sitúe al joven graduado en el pódium de aquellos entrando en el mundo laboral, si luego este tiene carencias que hagan que acabe en un lugar que no le corresponde a todo el tiempo y esfuerzo dedicado a su formación, o que encuentre obstáculos donde no debería. Carencias y obstáculos tales como la falta de dominio de inglés. Un dominio real de un inglés específico, técnico y científico. 

 

Por eso es necesario apelar a todas esas entidades que tienen la capacidad de ayudar a financiar un buen aprendizaje del inglés a todo aquel que no tiene el poder adquisitivo requerido ni los ingresos suficientes para invertir en el dominio del idioma, pero que no por ello dejan de necesitarlo. Cuántos jóvenes podrían haber entrado en las carreras que querían si hubieran tenido el nivel requerido. Cuántos estudiantes lamentan no haber podido irse de intercambio por no alcanzar los requisitos. Cuántos graduados con excelentes currículums no obtuvieron los puestos de trabajo que querían y les correspondía obtener. Cuántos decidieron proseguir con la educación académica superior encuentran constantes obstáculos en su investigación por trabajar constantemente en este idioma. Cuántos profesionales se han visto relegados de sus puestos o no han sido ascendidos, e incluso nunca llegaron a donde aspiraban a causa de sus carencias lingüísticas. Y tantos casos que cabría mencionar. 

 

¿Somos realmente conscientes de lo que sucede? ¿Y de lo fácil que sería solucionarlo? Si tan solo existieran micro becas y ayudas para este ámbito de la formación de una persona. Si tan solo se lograra concienciar a aquellas entidades responsables, incidir en la preparación de los jóvenes antes de llegar al empleo. Una empresa no solo debe cuidar el trato con el cliente, sino también con sus empleados. Además, no supone una diferencia abismal para las grandes empresas ofrecer micro becas a los estudiantes. Y cuánto bien pueden hacer. A ellas mismas y a la sociedad. Las empresas son las primeras interesadas en que los jóvenes salgan bien preparados al mundo laboral, obtendrán una recompensa a corto-medio plazo, y con ello también obtendrán reconocimiento y visibilidad. Esculpir una buena imagen no solo ante el cliente, sino ante sus futuros trabajadores, y sumar su aportación a la empleabilidad, a la industria y a la sociedad. 

 

¿Opina que empresas y entidades que ofrecen becas deberían también ofrecer micro becas y ayudas para alcanzar un dominio del inglés que no perjudique la vida profesional?

 

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